EL objetivo de este blog es compartir, difundir y reflexionar sobre cualquier aspecto relacionado con la educación.
Este blog está dedicado especialmente al trabajo con alumnos que tienen algún tipo de dificultad.
miércoles, 4 de abril de 2018
Las cartillas Micho para aprender a leer fueron un invento de tres maestras de Cuenca
"Es un método muy divertido. Creo que por eso fue un éxito tan grande", dice una de las autoras
Felisa García, una de las autoras del sistema de lectoescritura Micho, posa con la primera edición, de 1981. Álvaro García
Morito, Canelo y Michín, hijos de papá Micho y mamá Gata, han
enseñado a leer y a escribir a miles de españoles a través de sus
aventuras. Esta es la primera, en la cartilla Micho, método de lectura castellana
(1981), más conocida como la cartilla roja: "Cierto día, un feo
abejorro pasó a su casa cuando los tres gatos estaban tranquilos y
felices. El abejorro picó en la mano de Canelo que dijo: o, o, o, o,
hasta que el abejorro asustado se marchó".
El abejorro casi pica a Canelo
La imagen es de una de las cartillas que Felisa García guarda como un
tesoro en su casa. Es una de las tres profesoras que crearon el popular
método de lectoescritura. Nos recibe con todo el material de Micho
(libros, guías para profesores, cintas musicales, letras de plástico...)
sobre una cama de su casa en Madrid. "Es un método muy divertido. Creo
que por eso fue un éxito tan grande", dice García a Verne.
Micho es un icono para varias generaciones de españoles. La editorial, Bruño,
asegura que en los años 80 y 90 vendieron cientos de miles de copias
del método en toda España. La editorial asegura que los datos se han
perdido tras un cambio de propiedad. Niños de tres a seis años
aprendieron con los libros de los gatos, que pasaban de hermanos mayores
a pequeños. Hasta se utilizaban para algún que otro insulto: "Este se
ha quedado en el Micho 1". Las ediciones más conocidas son las de 1981 y
1991.
A la izquierda, la edición de 1981. A la derecha, la de 1991
Estas cartillas nacieron hace 37 años en un colegio de Cuenca,
provincia de García (73 años) y también de las otras dos autoras, Pilar
Martínez (85) y María Isabel Sahuquillo (71). "Era el colegio Primo de
Rivera. Ahora se llama colegio La Paz", recuerda García. Empezaron a
trabajar juntas en 1973. Eran las responsables de educación infantil
junto a otra profesora más veterana, Emilia Canga-Argüelles. Aparece
como autora en la primera cartilla, pero no en las posteriores.
Canga-Argüelles había trabajado bastante en la historia de unos
felinos. "Emilia había escrito un cuento para enseñar con gatos. Era el
principio de lo que se acabaría convirtiéndo en Micho", recuerda
Martínez. Las cuatro utilizaban el cuento en sus clases, una narración
que hacía más atractivo un sistema de lectoescritura novedoso: el
onomatopéyico, basado en enseñar los fonemas puros de cada letra
(primero las vocales y luego las consonantes), asociados a señas mímicas
(con manos, brazos, pies y el rostro), previas a la escritura.
Este método, desarrollado por el pedagogo Matías Martín Sanabria, supuso una revolución en la enseñanza en los años 60, como explica ABC en este artículo de 2017.
"Estaba diseñado para adultos, dentro de la campaña de alfabetización
de la época. Nosotras le añadimos la historia de los gatos y lo dotamos
de otras muchas cosas: números, relación de letras y colores, conceptos
espaciales, psicomotricidad...", dice García. "Los niños disfrutaban una
barbaridad. Aprendían pasándolo muy bien", comenta Martínez. De Cuenca a toda España
El método de estas tres profesoras se podía haber quedado en Cuenca,
sin ningún rastro en el resto de España. Pero no fue así. En 1980, el
colegio Primo de Rivera recibió a una inspectora del Ministerio de
Educación. "Le encantó lo que vio. Los niños cantaban, bailaban, estaban
alegres y, además, mucho más avanzados que en otros colegios. La
inspectora nos animó a publicar el método. Nos dijo que si no lo quería
ninguna editorial lo imprimían desde lo público", cuenta García.
La seña de la ce era bastante sencilla
La editorial Bruño echó el lazo al método. Por entonces estaba claro
que los protagonistas iban a ser los gatos ideados por la veterana del
colegio. "En mi tierra, a los gatos se les llama Micho. De ahí el
nombre. Los nombres de los gatos son fáciles: papá Micho y mamá Gata no
hay ni que explicarlos, Michín porque se parecía al padre, Canelo porque
es de color canela y Morito porque es negro", indica García. Era otra
época.
Lo mucho que hemos cambiado como sociedad desde entonces también se
nota en el inicio del primer cuento: "El papá era Micho. Tenía una moto
para ir al trabajo unas veces, y otras, para divertirse. La mamá, que se
llamaba Gata, era una excelente ama de casa. Limpiaba, hacía la comida y
por la noche contaba cuentos a sus hijitos antes de irse a la cama".
Las autoras se repartían el trabajo: García pintaba los dibujos ("los
hice con plastidecor"), Martínez desarrollaba los fonemas ("es una
parte muy importante") y Sahuquillo elaboraba textos y daba forma al
todo ("era la que mejor me apañaba con la tecnología"). Las historias de
cada cuento eran ideadas por todas, que se reunieron durante varios
meses en casa de Sahuquillo hasta que terminaron la primera cartilla.
Han pasado casi cuatro décadas desde la primera edición del método,
un éxito desde el principio. "Se vendieron cientos de miles de copias el
primer curso. Viajé por toda España para promocionar las cartillas. La
querían en todos sitios", recuerda García. Varias generaciones de
profesores han enseñado a sus alumnos con las cartillas Micho. "Cuando
digo que soy una de las autoras, los profesores siempre me hacen muchas
preguntas y me dicen lo importante que ha sido para ellos", añade
García.
Arriba, la edición de
1981. Abajo, la de 1991. El cuento era el mismo: "Pronto pasó por allí
la mula Castaña rebuznando y al ver caído al gatito también quiso
reírse. Pero ella no sabía hacer como los gatitos; solo sabía rebuznar:
a, a, a, a".
En su conversación con Verne, las tres destacan los detalles
que hacían diferente el módelo. "Por ejemplo, introdujimos la
asociación de fonemas con colores. Los sonidos fuertes eran de colores
como el rojo. Los débiles, de azul. Se familiarizaban con letras y
fonemas antes de empezar a escribir", indica Sahuquillo. Algunas de las
personas que fueron a educación infantil entre los 80 y los 90 con los
que hablamos antes de hacer este artículo reconocen que siguen asociando
las letras con colores.
En la primera edición, las tres compañeras del colegio de Cuenca eran
las que cantaban en las cintas de casette, uno de los elementos más
importantes del método Micho. Para la edición de 1991, la editorial
contrató a un cantante profesional. También incorporó una ilustradora.
El dibujo de los gatos cambió más todavía en los dos últimas ediciones,
las de 2000 y 2003.
"Estas ediciones renovadas han funcionado peor que las otras", indica
García, un dato que confirman desde la editorial. Sin referencias
exactas de las ediciones de 1981 y 1991, las 400.000 copias vendidas de
las ediciones de 2000 y 2003 son "pocas" en comparación, aseguran desde
Bruño. Así lucen hoy Morito, Canelo y Michín.
A la derecho Morito. A la izquierda, Canelo y Michín
Sin entrar en cifras, García asegura que ganaron "algo de dinero" con
los libros Micho, especialmente durante los 80 y los 90. Cada una de
ellas siguió enseñando en sus clases de educación infantil con su método
hasta la jubilación. Y siguen siendo amigas. "A lo mejor ahora hay otro
grupo de profesoras que esté a punto de sacar un método que triunfe
como el nuestro. ¿Mi consejo? Que anoten todo lo que aprendan en el
aula, que les servirá en el futuro a ellas y a las generaciones que
vengan", añade García, cuyos nietos aprenden a leer y a escribir con las
aventuras de estos tres gatos.
Articulo publicado en el periodico el pais
https://verne.elpais.com/verne/2018/03/19/articulo/1521470166_502901.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario