lunes, 23 de abril de 2018

PAISAJES DE APRENDIZAJE

Los paisajes de aprendizaje es un recurso para trabajar en clase que se fundamente en las Inteligencias Múltiples, la Matriz de Zone, la Taxonomía de Bloom y otros conceptos metodológicos que personalizan la educación la hacen más motivadora y adecua a las capacidades de cada alumno atendiendo a sus fortalezas y debilidades.

A continuación comparto con vosotros el enlace de la presentación en video de un paisaje de aprendizaje que he realizado junto con una explicación del paisaje de aprendizaje y el enlace al propio paisaje digital. Espero que os guste. La verdad es que he disfrutado mucho haciéndolo y viendo como iba cogiendo forma.


¿Dónde vivimos?

La historia que he pensado para trabajar los contenidos del entorno donde vivimos (ciudades, pueblos, profesiones, hábitos...) es a partir de una visita extraterrestre de un nuevo compañero que aparecerá por sorpresa (en forma de muñeco) en nuestra clase (iré dejando pistas de su venida como motivación). Este nuevo alumno se interesará por la forma en que vivimos, como lo hacemos, nos preguntará y será un hilo conductor para enganchar bien con sus motivaciones e intereses. Tendrá familia y podrá visitar las casas de los alumnos cada fin de semana y hacer cosas con ellos... podremos viajar con el por diferentes lugares de nuestro alrededor y será un nuevo amigo.

Mí Paisaje de aprendizaje


miércoles, 18 de abril de 2018

http://www.elmundo.es/papel/historias/2018/04/18/5ad62ae0268e3e3f338b467c.html

El fin de la endogamia: por qué triunfan las universidades que no contratan a sus alumnos


ILUSTRACIÓN: SEAN MACKOUI
Un 73% de los profesores españoles dan clases en la misma universidad en la que leyeron sus tesis doctorales
Unos pocos centros han conseguido colocarse entre la élite internacional tras vetar a sus propios alumnos
«Mis discípulas». Son las palabras que Enrique Álvarez Conde, responsable del máster fantasma de Cristina Cifuentes en la Universidad Rey Juan Carlos, ha usado en varias ocasiones para referirse a las profesoras que, según él, conformaron el tribunal que evaluó a la política madrileña. Detrás de ese calificativo se esconde una filosofía basada en la endogamia académica que, desde hace décadas, se mantiene enraizada en el sistema universitario español. Una fórmula con la que muchos catedráticos inflan sus departamentos con alumnos de doctorado que ellos mismos han dirigido.
Lejos de superar un fenómeno que da la espalda a nuevas metodologías y enfoques, esta práctica perpetúa las mismas líneas de investigación y dificulta la competitividad entre candidatos con los mayores méritos. Así, España sigue contando con un alto porcentaje de profesores que leyeron la tesis doctoral en la misma universidad en la que dan clases, según el Ministerio de Educación. En 2014, cifró esta endogamia en un 73%. Dos años más tarde, la Fundación Conocimiento y Desarrollo (FCYD) reveló que el porcentaje llega a superar el 80% en las facultades de Canarias, Asturias y la Comunidad Valenciana.
«Es un tema cultural y sólo es bueno para aquel que ha promovido al candidato local. Un doctor de una universidad no puede ser profesor allí hasta pasado un tiempo», afirma Martí Parellada, director del informe anual que realiza la FCYD. Una mirada hacia atrás nos permite ver que este sistema de reclutamiento ha descendido: entre 1997 y 2001, la endogamia alcanzaba el 93% según el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Parellada cree que, poco a poco, se están introduciendo plazos para evitar incorporaciones inmediatas al claustro, pero también que «no ha mejorado tanto como debiera». Desde el propio seno de algunas universidades, las voces más críticas denuncian situaciones asiduas de padrinazgo, en las que el catedrático ajusta los requerimientos de una vacante del departamento al candidato de la casa, quien se asegura el beneplácito de su padrino y el de un tribunal seleccionado ad hoc que termina por privilegiar al discípulo.

EL ORIGEN DE TODO

«Éste es el origen de todos los males de la Universidad: departamentos que forman a sus propios alumnos», dice Diego Moreno, catedrático de Economía en la Universidad Carlos III de Madrid. «La típica trayectoria de un catedrático español se asocia en algún momento a un profesor que le guía y que, si la cosa va bien, pasa a integrarle en su equipo», añade, convencido de que, «al final, esa es una carrera llena de dependencia, porque genera una cadena de favores mutuos».
Por eso, remarca que su departamento eliminó de raíz esta práctica. «Tenemos prohibido contratar a nuestros propios doctores. Aunque el candidato sea un tipo brillante, sería como un incesto», asevera.
El caso de Moreno es una de los rara avis que ha puesto coto a lo que él considera una tentación en la que no se puede caer. Su departamento, junto a los de Económicas de las universidades Pompeu Fabra (UPF), Autonóma de Barcelona y Alicante, forma parte de una red de equipos que optan por que sus programas de doctorado obliguen al candidato a competir y trazar fuera su trayectoria.

La clave, según comenta, está en ayudar a sus doctores a conseguir empleo en otras universidades y en acudir al mercado internacional para atraer talento. Estos departamentos han sido pioneros en implementar una política de reclutamiento conocida como tenure track, que los países anglosajones pusieron en marcha para acabar con la endogamia académica, y que consiste en captar fuera y ofrecer contratos de entre cinco y siete años. Durante ese periplo, les evalúan cada cierto tiempo, crean un rastro documental, solicitan opiniones externas y, el último año, deciden si se les contrata como titulares. «Normalmente se requiere que establezcan un mínimo de reputación internacional. Publica o perece», argumenta Moreno justo antes de aclarar que, si no es así, «se les da un tiempo para buscar trabajo».
Los resultados avalan esta línea de actuación. Los departamentos de Económicas de estas universidades en Madrid y Barcelona son los únicos nacionales que aparecen en los 80 primeros puestos del ranking de Shanghái, mientras que, en esta clasificación, es imposible ver una universidad española entre las 200 primeras.
Desde el Departamento de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad de Alicante, formado por 40 doctorados de fuera, el catedrático Juan Mora subraya que gestionar este sistema de contratación es mucho más costoso. «Otros quieren hacerlo, pero no pueden porque se necesita inversión y apoyo del Rectorado», esgrime.
¿Y por qué ustedes ven tan importante romper con la endogamia? «Nos sirve para estar al tanto de nuevos contenidos docentes e investigaciones. Si no, se replican las mismas ideas y es muy difícil cambiar las sinergias», responde.
En 2016, la UPF se convirtió en la primera en instaurar esta mentalidad en todas sus áreas, en las que el porcentaje de profesores doctorados allí es, hoy, de un 19%. «No es que no queramos coger a nadie de dentro, porque tenemos doctores excelentes, pero, al menos, tienen que salir fuera para no crear jerarquías enfermizas», dice Cristina Pujades, Vicerrectora de Proyectos en el ámbito del profesorado.
Sin embargo, el estigma del amiguismo sigue presente, incluso en quienes realizan estas rigurosas prácticas. Así lo cree David Comas, director del Departamento de Ciencias Experimentales y de la Salud de la UPF, que sólo cuenta con un doctorado allí. «En el último proceso de selección que hemos abierto, hemos recibido correos que dicen: '¿seguro que no hay un candidato interno ya?'. Eso nos preocupa, porque no se da la visión de que son procesos trasparentes», manifiesta. Su departamento es de los pocos en España que cuentan con la distinción Excelencia María de Maeztu a su labor científica, con más de mil publicaciones en los últimos cinco años, y el primero de la UPF en poner en práctica la desvinculación del candidato para innovar.

La vicerrectora de comunicación y promoción de la Universidad Autónoma de Barcelona, Virginia Luzón, matiza esta forma de reclutar. Si bien es cierto que en los dos últimos años no han admitido a ningún candidato local en el programa de doctorado de Comunicación Audiovisual, rechaza la obligación de prescindir del talento de la casa: «En nuestro doble grado de Física y Matemáticas tenemos cuatro de las mentes más privilegiadas de España que, además, han ganado el prestigioso Premio Max Planck. ¿Por qué no podemos quedárnoslas?».
A su juicio, vetar es un error. Una idea que también comparte Luis Labarga, director del Departamento de Física Teórica en la Universidad Autónoma de Madrid, compuesto de más de un 70% de doctorados de fuera. Considera que «la investigación manda» y, por lo tanto, ve necesario que, una vez han hecho el doctorado, se marchen al menos dos años, aunque, dice, «aquí no se rechaza a nadie». Aun así, según él, el porcentaje de endogamia en España no debería superar el 10%. «Mi universidad se hizo para evitar el sistema endogámico, pero cada vez prima más la antigüedad que la calidad y se está permitiendo que la gente se pueda perpetuar», esgrime.
Para resolver este problema, Diego Moreno considera que «tal vez no sea necesario hacer una revolución y poner todo patas arriba». A su juicio, «sería más efectivo tocar algunos hábitos, y la contratación es clave».

miércoles, 4 de abril de 2018



Las cartillas Micho para aprender a leer fueron un invento de tres maestras de Cuenca

"Es un método muy divertido. Creo que por eso fue un éxito tan grande", dice una de las autoras



Felisa García, una de las autoras del sistema de lectoescritura Micho, posa con la primera edición, de 1981
Felisa García, una de las autoras del sistema de lectoescritura Micho, posa con la primera edición, de 1981.

Morito, Canelo y Michín, hijos de papá Micho y mamá Gata, han enseñado a leer y a escribir a miles de españoles a través de sus aventuras. Esta es la primera, en la cartilla Micho, método de lectura castellana (1981), más conocida como la cartilla roja: "Cierto día, un feo abejorro pasó a su casa cuando los tres gatos estaban tranquilos y felices. El abejorro picó en la mano de Canelo que dijo: o, o, o, o, hasta que el abejorro asustado se marchó".



El abejorro casi pica a Canelo
La imagen es de una de las cartillas que Felisa García guarda como un tesoro en su casa. Es una de las tres profesoras que crearon el popular método de lectoescritura. Nos recibe con todo el material de Micho (libros, guías para profesores, cintas musicales, letras de plástico...) sobre una cama de su casa en Madrid. "Es un método muy divertido. Creo que por eso fue un éxito tan grande", dice García a Verne.
Micho es un icono para varias generaciones de españoles. La editorial, Bruño, asegura que en los años 80 y 90 vendieron cientos de miles de copias del método en toda España. La editorial asegura que los datos se han perdido tras un cambio de propiedad. Niños de tres a seis años aprendieron con los libros de los gatos, que pasaban de hermanos mayores a pequeños. Hasta se utilizaban para algún que otro insulto: "Este se ha quedado en el Micho 1". Las ediciones más conocidas son las de 1981 y 1991.



A la izquierda, la edición de 1981. A la derecha, la de 1991
Estas cartillas nacieron hace 37 años en un colegio de Cuenca, provincia de García (73 años) y también de las otras dos autoras, Pilar Martínez (85) y María Isabel Sahuquillo (71). "Era el colegio Primo de Rivera. Ahora se llama colegio La Paz", recuerda García. Empezaron a trabajar juntas en 1973. Eran las responsables de educación infantil junto a otra profesora más veterana, Emilia Canga-Argüelles. Aparece como autora en la primera cartilla, pero no en las posteriores.
Canga-Argüelles había trabajado bastante en la historia de unos felinos. "Emilia había escrito un cuento para enseñar con gatos. Era el principio de lo que se acabaría convirtiéndo en Micho", recuerda Martínez. Las cuatro utilizaban el cuento en sus clases, una narración que hacía más atractivo un sistema de lectoescritura novedoso: el onomatopéyico, basado en enseñar los fonemas puros de cada letra (primero las vocales y luego las consonantes), asociados a señas mímicas (con manos, brazos, pies y el rostro), previas a la escritura.
Este método, desarrollado por el pedagogo Matías Martín Sanabria, supuso una revolución en la enseñanza en los años 60, como explica ABC en este artículo de 2017. "Estaba diseñado para adultos, dentro de la campaña de alfabetización de la época. Nosotras le añadimos la historia de los gatos y lo dotamos de otras muchas cosas: números, relación de letras y colores, conceptos espaciales, psicomotricidad...", dice García. "Los niños disfrutaban una barbaridad. Aprendían pasándolo muy bien", comenta Martínez.
De Cuenca a toda España
El método de estas tres profesoras se podía haber quedado en Cuenca, sin ningún rastro en el resto de España. Pero no fue así. En 1980, el colegio Primo de Rivera recibió a una inspectora del Ministerio de Educación. "Le encantó lo que vio. Los niños cantaban, bailaban, estaban alegres y, además, mucho más avanzados que en otros colegios. La inspectora nos animó a publicar el método. Nos dijo que si no lo quería ninguna editorial lo imprimían desde lo público", cuenta García.



La seña de la ce era bastante sencilla
La editorial Bruño echó el lazo al método. Por entonces estaba claro que los protagonistas iban a ser los gatos ideados por la veterana del colegio. "En mi tierra, a los gatos se les llama Micho. De ahí el nombre. Los nombres de los gatos son fáciles: papá Micho y mamá Gata no hay ni que explicarlos, Michín porque se parecía al padre, Canelo porque es de color canela y Morito porque es negro", indica García. Era otra época.
Lo mucho que hemos cambiado como sociedad desde entonces también se nota en el inicio del primer cuento: "El papá era Micho. Tenía una moto para ir al trabajo unas veces, y otras, para divertirse. La mamá, que se llamaba Gata, era una excelente ama de casa. Limpiaba, hacía la comida y por la noche contaba cuentos a sus hijitos antes de irse a la cama".



Las autoras se repartían el trabajo: García pintaba los dibujos ("los hice con plastidecor"), Martínez desarrollaba los fonemas ("es una parte muy importante") y Sahuquillo elaboraba textos y daba forma al todo ("era la que mejor me apañaba con la tecnología"). Las historias de cada cuento eran ideadas por todas, que se reunieron durante varios meses en casa de Sahuquillo hasta que terminaron la primera cartilla.
Han pasado casi cuatro décadas desde la primera edición del método, un éxito desde el principio. "Se vendieron cientos de miles de copias el primer curso. Viajé por toda España para promocionar las cartillas. La querían en todos sitios", recuerda García. Varias generaciones de profesores han enseñado a sus alumnos con las cartillas Micho. "Cuando digo que soy una de las autoras, los profesores siempre me hacen muchas preguntas y me dicen lo importante que ha sido para ellos", añade García.



Arriba, la edición de 1981. Abajo, la de 1991. El cuento era el mismo: "Pronto pasó por allí la mula Castaña rebuznando y al ver caído al gatito también quiso reírse. Pero ella no sabía hacer como los gatitos; solo sabía rebuznar: a, a, a, a".
En su conversación con Verne, las tres destacan los detalles que hacían diferente el módelo. "Por ejemplo, introdujimos la asociación de fonemas con colores. Los sonidos fuertes eran de colores como el rojo. Los débiles, de azul. Se familiarizaban con letras y fonemas antes de empezar a escribir", indica Sahuquillo. Algunas de las personas que fueron a educación infantil entre los 80 y los 90 con los que hablamos antes de hacer este artículo reconocen que siguen asociando las letras con colores.
En la primera edición, las tres compañeras del colegio de Cuenca eran las que cantaban en las cintas de casette, uno de los elementos más importantes del método Micho. Para la edición de 1991, la editorial contrató a un cantante profesional. También incorporó una ilustradora. El dibujo de los gatos cambió más todavía en los dos últimas ediciones, las de 2000 y 2003.
"Estas ediciones renovadas han funcionado peor que las otras", indica García, un dato que confirman desde la editorial. Sin referencias exactas de las ediciones de 1981 y 1991, las 400.000 copias vendidas de las ediciones de 2000 y 2003 son "pocas" en comparación, aseguran desde Bruño. Así lucen hoy Morito, Canelo y Michín.



A la derecho Morito. A la izquierda, Canelo y Michín
Sin entrar en cifras, García asegura que ganaron "algo de dinero" con los libros Micho, especialmente durante los 80 y los 90. Cada una de ellas siguió enseñando en sus clases de educación infantil con su método hasta la jubilación. Y siguen siendo amigas. "A lo mejor ahora hay otro grupo de profesoras que esté a punto de sacar un método que triunfe como el nuestro. ¿Mi consejo? Que anoten todo lo que aprendan en el aula, que les servirá en el futuro a ellas y a las generaciones que vengan", añade García, cuyos nietos aprenden a leer y a escribir con las aventuras de estos tres gatos.

Articulo publicado en el periodico el pais
https://verne.elpais.com/verne/2018/03/19/articulo/1521470166_502901.html